Destrucción de Armas de Fuego ¿Solo intención?

Diariamente cuando abres la página de un periódico, entre sus noticias reseñadas como titulares están las de sucesos y la mayoría de estos sucesos involucran las armas de fuego.

En un informe presentado en la  III Conferencia de Revisión sobre el Programa de Acción de UNODA (Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas) en el 2018 señala que  existen aproximadamente 857 millones de armas de fuego en manos civiles y privadas (Ver) .

El mismo informe indica que  el estudio fue realizado en 230 países y que en comparación con el informe anterior realizado en el 2006 el volumen de armas en manos civiles aumentó en un 32%, mostrando con ello, que prácticamente todos los países estudiados, mostraron un aumento en la adquisición de las mismas.

Se habla de desarmar a la población civil, sin embargo, la industria armamentista cada día es más productiva, y los países que llevan esta industria a la cabeza se pelean los mercados mundiales. Resulta irónico que el  70 % de las armas que se venden en el mundo salgan principalmente de 5 países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia.

Amnistía Internacional también ofrece cifras, entre ellas que cada año entran al mercado 8 millones de armas nuevas y 16.000 millones de balas y reportan que el 60% de los casos que atienden sobre la violación de los derechos humanos involucran armas de fuego. (VER) 

No es de sorprender entonces que los diarios del mundo reporten cada día incontables muertes donde las armas de fuego están constantemente presentes.

Tristemente Venezuela encabeza la lista de países que tiene más muertes violentas del mundo, según cifras aportadas, en diciembre de 2018, por el Observatorio Venezolano de violencia (OVV) una ong que investiga la violencia en Venezuela. Algunas de las cifras que sustentan el estudio son:

Amnistía Internacional (AI) ya había advertido en septiembre que desde 2015 a 2017 se habían producido 8.200 ejecuciones extrajudiciales, producto de «medidas represivas con lógica bélica para supuestamente abordar la delincuencia».

Además de los homicidios, enfrentamientos y ejecuciones, hay otras 5.102 muertes por causas violentas que se están investigando. (Ver)

En un trabajo reciente realizado por la socióloga Andrea Chacón reporta: «El Estado venezolano es el segundo en América Latina que más dólares ha invertido en la adquisición de pistolas y revólveres por persona; sin embargo, no hay información oficial disponible que comunique de forma clara la cantidad de armas adquiridas.» (Ver)

Más allá de las cifras, datos y porcentajes la realidad es que vivimos en un mundo donde una gran parte de la población civil se encuentra armada, es una realidad palpable que la industria armamentista va en ascenso, no solamente en la producción de material para usos militares y de «seguridad», sino también en una alta producción de armamento de carácter “civil”.

Hoy 9 de julio la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebra el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, un día para pensar en la congruencia humana, entre lo que se dice y lo que se hace.

Detrás del nombre genérico de “Industria armamentista” hay gobiernos que las aúpan, detrás de estos gobiernos hay  personas que se enriquecen fabricando este producto. El genérico “país” encierra gobierno, detrás del gobierno están las personas que crean las políticas que estimulan  el consumo de este producto.

Quizás sea una forma muy simplista de entender esta situación en particular, pero para mí  todo tiene nombre y apellido.

Fuente imágenes: Título, 2, 3

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